
Asumo la piel no solo como una parte del cuerpo, sino como su envoltura. Es un revestimiento que funciona como una coraza o una armadura, pues al cubrir el cuerpo por todas partes, lo protege. Al mismo tiempo, en la piel se refleja la historia de las personas y, en cierta medida, en ella se constituye la identidad de una persona frente a las otras. En este sentido, es en nuestra propia piel donde comprendemos el conflicto afuera-adentro.